Historias

NUESTROS PROTAGONISTAS

Voluntariado: el altruismo de una sonrisa

“Ser voluntario es un trabajo en el que recibes tu paga en sonrisas” son las palabras con las que Ángel del Río me definía su voluntariado en el Colegio de Educación Especial San Rafael. El voluntariado es una forma de dedicar altruistamente tiempo y capacidad para acompañar a las personas que más lo necesitan; una experiencia que “aporta grandes beneficios” como expresan nuestros voluntarios y voluntarias.

Creo que las personas voluntarias deben tener una serie de valores entre los que destacan principalmente: presencia, aceptación incondicional, compasión, escucha y apertura. Valores que son la expresión de una manera de ser, de relacionarse, una conducta que nos lleva a identificarnos en el Ser Hospitalarios.

La razón de ser del voluntariado en San Juan de Dios es la “persona atendida”. Tanto si hablamos de una persona sin hogar, de una persona en cuidados paliativos o de una persona con discapacidad, el acompañamiento es vital. Debemos ser capaces de  abrir nuestro corazón a los demás, ya que, la acción del voluntariado aporta el calor humano y es un sostén afectivo hacía la persona en situación de vulnerabilidad.

“Me marcó mucho el final de la vida de mi padre. Me di cuenta, que en esa fase ellos necesitan escuchar a alguien, sentir que les cogen de la mano, que estás a su lado y que no están solos” me comentó Ana Blanco, Voluntaria en la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital San Rafael. Y efectivamente, acompañar a las personas que lo necesitan es aceptar su historia de vida y conocer su situación personal. Te ayuda a escuchar más que hablar, entender más que juzgar y preguntar más que suponer.

“La experiencia del voluntariado ha cambiado mi forma de ser”, me explicaba también Ignacia Iribarren, quien me comentaba  “ahora valoro más el respeto y la compresión de los diferentes modos de pensar, vivir o ser de cada persona”.

En la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios Provincia de Castilla contamos con casi 600 voluntarios que ofrecen su tiempo, su conocimiento y su compromiso a mejorar las condiciones de vida de otras personas. Ellos y ellas son nuestro orgullo; una pieza fundamental en nuestros Centros para ofrecer la mejor atención a quien más lo necesita.

Fdo. Mª Amparo Mínguez
Coordinadora Provincial de Voluntariado.
 

Entrevista Christian Salguero Ferreduela

Los verdaderos protagonistas de la OS son los chicos y chicas que atendemos en nuestros Centros gracias a la generosidad y la solidaridad de muchas personas. Os presentamos a Cristian, un chico que nos tiene a todos cautivados, no solo por su arte sino también por su humanidad.

"En el Sanatorio Marítimo he encontrado una nueva familia en los compañeros, en los monitores y en los hermanos"

Christian Salguero, es un chico que reside desde hace cuatro años en Sanatorio Marítimo de Gijón (Centro de Atención a Personas con Discapacidad Intelectual). Sus compañeros y monitores lo definen como un chico alegre, cariñoso, siempre dispuesto a ayudar a los demás, presumido y deportista. Pero si por algo es “conocido” Christian es por sus dotes para el dibujo, es un virtuoso en esta materia, concretamente en hacer dibujos en 3D. Le gusta  cuando le llaman, cariñosamente, “la impresora humana”, ya que esto le hace sentirse como un Súper héroe; personajes por los que él siente tanta admiración y  los utiliza como fuente de inspiración en muchos de sus dibujos.

Cristina nació hace 22 años en Gijón y, como el mismo dice, desde que llegó al Sanatorio Marítimo de Gijón “soy más feliz, porque he hecho muy buenos amigos no sólo entre mis compañeros sino también con mis monitores y con los Hermanos. Los quiero y me quieren”.

¿Cómo es uno de tus días en el Centro?
Vivo en la Unidad residencial 3, comparto habitación con un buen amigo mío. Hago mi cama y recojo mi habitación, voy a desayunar y suelo ayudar a aquellos compañeros que tienen  más dificultades.  Uno de mis mejores amigos es invidente y me gusta mucho sentir que estoy  a su lado cuando me necesita. Desde las 09:30h. hasta  las 17h, voy al Taller pre-laboral de Jardinería. Me encanta estar en contacto con la naturaleza y ver lo bonito que están los jardines del Centro gracias al trabajo de mi monitor de Taller y del resto de mis compañeros. Cuando salgo del trabajo, mi tiempo libre lo dedico a ir a practicar atletismo , hacer ejercicio, charlar con mis amigos, escuchar música, ver tutoriales en el ordenador para perfeccionar mi técnica en dibujos de 3D y sobretodo dibujar.

¿Qué es lo que te enseñan en el Sanatorio Marítimo de Gijón?
Me enseñan a valerme por mi mismo, a saber controlar mis momentos de ira, a expresar mis sentimientos, a dar importancia a las “pequeñas” cosas… Hay tantas cosas que antes no podía hacer y ahora puedo hacerlas sin ayuda…

¿Cómo te llevas con tus compañeros y con tus monitores?
En general me llevo muy bien con todos, aunque como es normal, a veces discutimos y nos enfadamos, pero se me pasa pronto el enfado y pido perdón cuando me doy cuenta que he hecho algo mal.

¿Qué sientes cuándo pintas?
Me relaja, despejo la mente, me concentro y me siento orgulloso de lo que  soy capaz de hacer.

¿Qué es lo que más te gusta dibujar?
Personajes de comics, Súper héroes y dibujos en 3D.

¿Qué relación tienes cn tu familia?
Por problemas familiares mi relación con ella es casi inexistente. En el Sanatorio Marítimo he encontrado una nueva familia en los compañeros, en los monitores y en los hermanos. Para mi es más importante la FAMILIA del CORAZÓN que la familia de sangre.

¿Qué te gustaría hacer de mayor?
Me gustaría compaginar la jardinería con el dibujo. Mi sueño es exponer mis dibujos y trabajar para una empresa de publicidad. Mientras tanto soy feliz dibujando para todos los que me lo pidan.

 

Un largo camino de la angustia a la esperanza.

“Hola soy Vicente, tengo 59 años y vivo en Madrid. Quiero compartir con vosotros mi experiencia de vida, con la sencilla intención de  transmitiros que la vida nos puede llevar a situaciones inesperadas.

En  mayo de 2012 mi vida comenzó a desmoronarse. Me sentía perdido y absolutamente vacío. Paseaba por Madrid como un fantasma, sin levantar los ojos del suelo por vergüenza y miedo a encontrarme con alguien conocido. Tenía miedo y pensaba obsesivamente ¿por qué Dios se empeñaba en destruirme? Le culpaba por haber dejado de cuidarme y protegerme. Pero yo sé que para mí era más fácil culparle a él que reconocer mi parte de culpa.

Una noche al regresar a casa, tras otro día deambulando y después de  haber conseguido mal vender algunos objetos que me permitieron sobrevivir unas semanas más, comprobé que habían cortado la luz por falta de pago. Seguidamente me cortaron el gas, el teléfono, Internet… Me iba hundiendo y no veía que era yo quien estaba permitiendo la caída.

A finales de agosto, decidí que no era capaz de seguir. Hablé con Dios y con mis “muertecitos”, les pedí perdón por haberles culpado de mis males. Pero una noche al regresar a casa los propietarios habían decidido actuar y cambiaron la cerradura, no pude entrar. Estaba en la calle. Había llegado el momento de tomar una decisión radical.

Yo no sabía nada acerca de comedores sociales o albergues. Me convertí en un cadáver social. Pedí ayuda a la familia y a los amigos, pero simplemente no quisieron saber nada del problema. Me di cuenta de que había dejado de ser una persona, para convertirme en un problema. Solo algunas personas me ayudaron al principio, pero poco a poco también se fueron desentendiendo.

Tras pasar unos meses en casa de unos familiares, la situación continuó complicándose y en 2012, de nuevo, estaba en la calle. Alguien me habló del Albergue de San Juan de Dios de Madrid. Fui admitido y a partir de ese momento comencé a remontar. Tener asegurado un lugar donde dormir, asearme, desayunar y cenar fue para mí una salvación. Estoy muy agradecido a todas las personas del Centro: la trabajadora, los voluntarios, colaboradores y los compañeros. ¡Un auténtico regalo del cielo!

Comencé a escribir todos mis pensamientos. Escribir me relajaba y  desde entonces no he dejado de hacerlo. A partir de ahí, todo fue mejorando: recuperé algunas 

pertenencias, acudí a varios cursos y conseguí la Renta Mínima. La lectura se convirtió en mi salvación. Aunque seguía llevando mal las ausencias, los silencios y los abandonos de amigos y familia, el balance comenzaba a ser positivo. Había recuperado la seguridad en mí, el optimismo y la esperanza en un futuro mejor. ¡Estaba recuperando las ganas de vivir!

En este momento me trasladé al albergue de los Hermanos de San Juan de Dios, Santa María de la Paz, mi trabajadora social puso todos los medios a su alcance para que yo encontrara una estabilidad. Poco a poco me fui adaptando, me hice cargo de la biblioteca del Centro que se convirtió en mi refugio, junto a la escritura.

Una charla con el hermano Juan Antonio de Diego me ayudó más de lo que nos hubiéramos podido imaginar. Sentía que necesitaba perdonar a los que me habían hecho daño, pero me resultaba imposible. El consejo que me dio fue muy sencillo: antes de perdonar a los demás, debía mirar en mi interior y no culparme por los errores del pasado, de lo contrario sería muy difícil que pudiera llegar a perdonar a los demás. Y era cierto.

2014 y 2015 fueron años de luces y sombras. Enfermé gravemente y el hermano Juan Antonio me llevó a urgencias. Después de un tiempo ingresado en el hospital, mi salud fue mejorando y en seis meses logré lo que a me pareció un verdadero milagro: me había recuperado completamente.

En julio de 2016, llegó la gran recompensa. Gracias a unos amigos conseguí un trabajo estable y bien remunerado que me permitió recuperar el control de mi vida y dejar de depender de los demás para subsistir.

Vivo en un piso de Madrid y vuelvo a sentir lo hermoso que es vivir. Hoy puedo decir con total honestidad que ya no guardo ningún rencor a nadie. He aprendido a perdonar y sinceramente es mi logro más importante. La vida me ha ofrecido una segunda oportunidad con el propósito de reflexionar sobre mi pasado, mi presente y mi futuro. Ahora puedo tomar decisiones más acertadas sobre qué camino seguir y esto se lo debo en gran medida a los Hermanos de San Juan de Dios.”

Estoy muy agradecido  de corazón a todas las personas que me han ayudado y también a aquellos que se han alejado. Todos me han enseñado una lección de vida impagable. Gracias!!!

 

"Aquí he encontrado calor de hogar"

Jose es un usuario del Albergue Santa María de la PazJosé lleva un año y siete meses en el albergue Santa María de la Paz.

Se quedó en la calle el 1 de agosto de 2013: "Estaba en el paro y se me habían agotado todas las ayudas, así que no podía seguir pagando la habitación. La dueña me dejó vivir allí todo el mes de julio gratis, a ver si, mientras, encontraba algo, pero no pudo ser", explica. Ese mismo día, con unas pocas pertenencias al hombro, llegó paseando hasta el retiro "y me puse a pensar qué hacer. Lo que tenía claro es que no quería vivir en la calle, me daba mucho miedo".

Decidió llamar a Emergencias de la Comunidad de Madrid, y ellos le derivaron al Samur Social. "Así fue como llegué al centro CEDIA de Cáritas, en Laguna. Allí pasé 3 meses". Pero CEDIA es un centro de emergencia, no de larga estancia.

Ya "un poco recuperado psicológicamente, conocí el albergue de los Hermanos de San Juan de Dios". Está contento, aunque afirma querer "salir de aquí y poder recuperar la relación con mis hermanos. Me siento esperanzado, porque he cambiado radicalmente la forma de pensar". José llegó a la calle por una serie de malas decisiones –"gastaba de manera excesiva, he sido muy soberbio, y he tenido que aprender a gestionar mi agresividad"–, pero, dos años después, "soy más humilde en el trato con la gente, y aunque mi familia no ha respondido como debería, intento recuperar a mis hermanos". De hecho, ese mismo día había hablado por e-mail con uno de ellos. Mientras esto ocurre, "me mantengo útil".

 

Mapa de localización de los diferentes centros