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Entrevista a Ekain Irigoien, director de Hijos de Dios

Ekain Irigoien, director de Hijos de Dios. Foto: Álex Abril. Festival de San Sebastián

21/09/2020

Ekain Irigoien, director de Hijos de Dios, nos concede una entrevista tras el estreno del film en el Festiva lde San Sebastián.

En la sinopsis de la web del festival dice que la película es un canto a la vida, a la dignidad y a la muerte. ¿Cuál es tu objetivo con este largometraje?

En primer lugar, quería mostrar las personas que detrás de esas realidades de sinhogarismo. Retratar sus vidas sin artificios, pues me parece que son historias que merecen ser contadas. Y contarlas con total veracidad.

Y, en segundo lugar, hacerlo acorde con mi mirada. Es por ello que la mirada de la cámara nunca está por encima de la altura de sus ojos. En cierto modo quería reflejar que nadie es más que nadie, aunque algunos hayamos tenido más suerte que otros en la vida.

En definitiva, lo que busca la película es poner el foco en personas que para la sociedad resultan invisibles. Obligar al espectador a mirarlos a los ojos, a conocerlos y dejar a un lado sus prejuicios. Me encantaría que, tras ver la película, el espectador les haya cogido el cariño que les he cogido yo durante estos seis largos años, para que así, la próxima vez que vean a alguien en la calle sean capaces de mirarlo y regalarle, aunque sea, una sincera sonrisa. Si ocurriera eso

¿Cómo surge la idea de rodar esta película? ¿Cuál es tu objetivo con ella?

La idea de realizar una película así ocurrió por un cúmulo de circunstancias. Recuerdo que hace seis años vivía junto a la antigua estación de autobuses de San Sebastián, cerca de un albergue de personas sin hogar. Acababa de empezar a trabajar una idea para una película con una compositora y cantautora vasca que de pronto se había venido abajo. De pronto, de la noche a la mañana en el banco que estaba frente a nuestro portal, apareció un chaval joven con la mirada perdida, que durante un par de semanas fue lo primero y lo último con lo que me topaba cada día. Aquel chaval que ni hablaba, ni pestañeaba me impactó. Durante ese tiempo también me encontré con un artículo sobre un fotógrafo que realizó un trabajo con personas sin hogar en NY, y aquellas imágenes me volvieron a atrapar. Detrás de cada uno de aquellos primeros planos se podía ver que había una historia que merecía ser contada. Así que semanas antes de mi boda, en lugar de hablar sobre un viaje de bodas a mi mujer, le propuse que quería hacer una película sobre personas sin hogar... creo que tras el estreno me toca llevarla de viaje y saldar mis deudas.

Los actores son personas sin hogar en la realidad. ¿Qué han aportado al rodaje?

Tenía claro que quería que fuera una película de verdad. Una película real. Una película que se moviera en esa estrecha frontera entre el documental y la ficción, en la que todo es real pero el lenguaje cinematográfico fuese el mismo que el de cualquier película de ficción. En ese sentido, estas personas me han aportado algo que cualquier actor no hubiera podido aportar: la verdad.

En ese sentido, al querer que la historia se acercara lo más posible a la realidad, he dejado que los acontecimientos ocurrieran por sí solos, por lo que ha habido que esperar a los acontecimientos para que la película tuviera una estructura que funcionara como tal. Eso, evidentemente, ha alargado el rodaje hasta límites que ni yo mismo me esperaba, pero no quería faltar a la verdad.

¿Cómo ha sido grabar con personas sin experiencia actoral previa?

La verdad es que previamente al rodaje estuve ocho meses ganándome la confianza de los protagonistas. Haciéndonos amigos. Tenía claro que el grado de intimidad que tuviera con ellos era clave para que el proyecto llegara a buen fin.

Era curioso, pues la mejor toma de Romerales solía ser la primera y, sin embargo, Javi según iban avanzando las tomas se encontraba más cómodo, más natural. Era complicado conseguir ese equilibrio entre uno y otro.

Romerales es un alma libre en todos los aspectos de su vida, y en el rodaje también. Así como en la primera toma se ceñía a los temas que quería tratar, según iba avanzando se ceñía a lo que le daba la gana, y muchas veces, esa libertad suya era la que aportaba esa magia de naturalidad y realismo sin límites. Sin embargo, en otras, pues no encajaba en montaje. Por eso digo, que ha sido una película que ha ido variando según se iba rodando, pues muchas veces iba a por una escena en concreto y volvía con otra escena maravillosa que no tenía en mente, y había que encajarlo en el puzle.

Suelo mencionar que, en realidad, han sido ellos quienes han dirigido la película, pues ellos decidían en que momentos sacar a relucir su alma y su esencia, y esas han sido las secuencias que se han quedado en el montaje final.

¿Qué te comentaron Javier y Romerales sobre la película al verla?

La verdad es que, aunque han visto muchas secuencias sueltas, todavía no han visto la película acabada. La idea es que la vean cuando se estrene en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, en pantalla grande y con todos los honores. Tal y como se merecen.

A nivel personal: ¿qué te han aportado Javier y Romerales?

Me han enseñado mucho. Ha sido increíble su generosidad y su valentía. Creo que cualquiera no sería capaz de mostrar su vida y su alma tal y como lo han hecho ellos dos. Sin filtros. Y menos en la situación en la que ellos se encuentran.

De Javi subrayaría su generosidad. Siempre está pensando en el bien del prójimo, hasta el punto que en ocasiones me ha dado a entender que le importa más mi bienestar y el de mi familia que el suyo propio. Ha vivido una de las vidas más duras que conozco, y ha sido capaz de darle la vuelta a situaciones que a otros muchos nos hundirían.

Y en cuanto a Romerales subrayaría la alegría de vivir. Personas así te enseñan que la alegría se encuentra en el interior de uno mismo, cuando la sociedad anda volviéndose loca buscando la felicidad en el exterior y en cosas materiales. Es increíble la luz que desprende Romerales pese a estar en una situación de calle. Siempre está dispuesto a reír y hacer reír.

La verdad es que son dos personas que adoro, y creo que tienen mucho que enseñarnos a cada uno de nosotros. Viven con total dignidad y sin ningún victimismo, no como muchos de nosotros.

¿Ha cambiado tu percepción sobre las personas sin hogar tras rodar Hijos de Dios?

Yo no diría que mi percepción haya cambiado sobre las personas sin hogar. La percepción creo que sigue siendo la misma. Creo que mis padres desde bien pequeño me sensibilizaron con respecto a este tema. Mi padre estuvo dos años viviendo en Venezuela, donde trabajó para una red de escuelas para gente marginal. En este sentido, estos temas siempre se han tratado en conversaciones que escuchaba en casa cuando era niño. Yo creo que ahí puede estar aquella primera semilla para que yo hoy este hablando sobre esta película. Incluso, el padre de mi mujer también acabó en un centro de acogida, por lo que es un tema que se ha tratado desde que era pequeño y seguimos tratándolo con nuestros hijos. Creo que es importante sensibilizar a nuestros hijos en este sentido para que la sociedad pueda ir mejorando.

Sin embargo, lo que sí ha cambiado es el conocimiento sobre la vida en la calle y en los centros de acogida. Creo que ha sido una experiencia que me ha enseñado mucho sobre ello. Hasta que no lo vive de cerca, uno se da cuenta de lo difícil que es vivir en la calle y no caer en la locura. Cuando las cosas te van mal y necesitas ayuda, lo que te encuentras es que las personas que pasan a tu lado ni se dignan a mirarte a la cara. De pronto dejas de existir... dejas de ser persona. Y sin embargo entre tanta desgracia, hay algunos que por arte de magia encuentran resquicios para ser felices como Romerales, o para llevar la situación dignamente como Javi.