Historias

Un largo camino de la angustia a la esperanza.

“Hola soy Vicente, tengo 59 años y vivo en Madrid. Quiero compartir con vosotros mi experiencia de vida, con la sencilla intención de  transmitiros que la vida nos puede llevar a situaciones inesperadas.

En  mayo de 2012 mi vida comenzó a desmoronarse. Me sentía perdido y absolutamente vacío. Paseaba por Madrid como un fantasma, sin levantar los ojos del suelo por vergüenza y miedo a encontrarme con alguien conocido. Tenía miedo y pensaba obsesivamente ¿por qué Dios se empeñaba en destruirme? Le culpaba por haber dejado de cuidarme y protegerme. Pero yo sé que para mí era más fácil culparle a él que reconocer mi parte de culpa.

Una noche al regresar a casa, tras otro día deambulando y después de  haber conseguido mal vender algunos objetos que me permitieron sobrevivir unas semanas más, comprobé que habían cortado la luz por falta de pago. Seguidamente me cortaron el gas, el teléfono, Internet… Me iba hundiendo y no veía que era yo quien estaba permitiendo la caída.

A finales de agosto, decidí que no era capaz de seguir. Hablé con Dios y con mis “muertecitos”, les pedí perdón por haberles culpado de mis males. Pero una noche al regresar a casa los propietarios habían decidido actuar y cambiaron la cerradura, no pude entrar. Estaba en la calle. Había llegado el momento de tomar una decisión radical.

Yo no sabía nada acerca de comedores sociales o albergues. Me convertí en un cadáver social. Pedí ayuda a la familia y a los amigos, pero simplemente no quisieron saber nada del problema. Me di cuenta de que había dejado de ser una persona, para convertirme en un problema. Solo algunas personas me ayudaron al principio, pero poco a poco también se fueron desentendiendo.

Tras pasar unos meses en casa de unos familiares, la situación continuó complicándose y en 2012, de nuevo, estaba en la calle. Alguien me habló del Albergue de San Juan de Dios de Madrid. Fui admitido y a partir de ese momento comencé a remontar. Tener asegurado un lugar donde dormir, asearme, desayunar y cenar fue para mí una salvación. Estoy muy agradecido a todas las personas del Centro: la trabajadora, los voluntarios, colaboradores y los compañeros. ¡Un auténtico regalo del cielo!

Comencé a escribir todos mis pensamientos. Escribir me relajaba y  desde entonces no he dejado de hacerlo. A partir de ahí, todo fue mejorando: recuperé algunas 

pertenencias, acudí a varios cursos y conseguí la Renta Mínima. La lectura se convirtió en mi salvación. Aunque seguía llevando mal las ausencias, los silencios y los abandonos de amigos y familia, el balance comenzaba a ser positivo. Había recuperado la seguridad en mí, el optimismo y la esperanza en un futuro mejor. ¡Estaba recuperando las ganas de vivir!

En este momento me trasladé al albergue de los Hermanos de San Juan de Dios, Santa María de la Paz, mi trabajadora social puso todos los medios a su alcance para que yo encontrara una estabilidad. Poco a poco me fui adaptando, me hice cargo de la biblioteca del Centro que se convirtió en mi refugio, junto a la escritura.

Una charla con el hermano Juan Antonio de Diego me ayudó más de lo que nos hubiéramos podido imaginar. Sentía que necesitaba perdonar a los que me habían hecho daño, pero me resultaba imposible. El consejo que me dio fue muy sencillo: antes de perdonar a los demás, debía mirar en mi interior y no culparme por los errores del pasado, de lo contrario sería muy difícil que pudiera llegar a perdonar a los demás. Y era cierto.

2014 y 2015 fueron años de luces y sombras. Enfermé gravemente y el hermano Juan Antonio me llevó a urgencias. Después de un tiempo ingresado en el hospital, mi salud fue mejorando y en seis meses logré lo que a me pareció un verdadero milagro: me había recuperado completamente.

En julio de 2016, llegó la gran recompensa. Gracias a unos amigos conseguí un trabajo estable y bien remunerado que me permitió recuperar el control de mi vida y dejar de depender de los demás para subsistir.

Vivo en un piso de Madrid y vuelvo a sentir lo hermoso que es vivir. Hoy puedo decir con total honestidad que ya no guardo ningún rencor a nadie. He aprendido a perdonar y sinceramente es mi logro más importante. La vida me ha ofrecido una segunda oportunidad con el propósito de reflexionar sobre mi pasado, mi presente y mi futuro. Ahora puedo tomar decisiones más acertadas sobre qué camino seguir y esto se lo debo en gran medida a los Hermanos de San Juan de Dios.”

Estoy muy agradecido  de corazón a todas las personas que me han ayudado y también a aquellos que se han alejado. Todos me han enseñado una lección de vida impagable. Gracias!!!

 

 

"Aquí he encontrado calor de hogar"

Jose es un usuario del Albergue Santa María de la PazJosé lleva un año y siete meses en el albergue Santa María de la Paz.

Se quedó en la calle el 1 de agosto de 2013: "Estaba en el paro y se me habían agotado todas las ayudas, así que no podía seguir pagando la habitación. La dueña me dejó vivir allí todo el mes de julio gratis, a ver si, mientras, encontraba algo, pero no pudo ser", explica. Ese mismo día, con unas pocas pertenencias al hombro, llegó paseando hasta el retiro "y me puse a pensar qué hacer. Lo que tenía claro es que no quería vivir en la calle, me daba mucho miedo".

Decidió llamar a Emergencias de la Comunidad de Madrid, y ellos le derivaron al Samur Social. "Así fue como llegué al centro CEDIA de Cáritas, en Laguna. Allí pasé 3 meses". Pero CEDIA es un centro de emergencia, no de larga estancia.

Ya "un poco recuperado psicológicamente, conocí el albergue de los Hermanos de San Juan de Dios". Está contento, aunque afirma querer "salir de aquí y poder recuperar la relación con mis hermanos. Me siento esperanzado, porque he cambiado radicalmente la forma de pensar". José llegó a la calle por una serie de malas decisiones –"gastaba de manera excesiva, he sido muy soberbio, y he tenido que aprender a gestionar mi agresividad"–, pero, dos años después, "soy más humilde en el trato con la gente, y aunque mi familia no ha respondido como debería, intento recuperar a mis hermanos". De hecho, ese mismo día había hablado por e-mail con uno de ellos. Mientras esto ocurre, "me mantengo útil".